Norte

Misión rango D.

 
#1  22 Feb 2017, 06:12
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Los días son la misma cosa para todos aquellos que han perdido el gozo de vivir. Lunes, viernes o domingo, todos los días de la semana pasan de largo sin importar lo que la persona haga para entretenerse en las horas que parecen eternas. Por momentos, estas personas piensan en el suicidio como único escape a su terrible sensación de soledad, y justo cuando están al borde de decir adiós final a la crudeza de este mundo de mierda se retractan, dejando en evidencia su fragilidad mental y poca convicción para dar por terminado algo, lo que sea, pero terminado.

Más de una había sido las veces en las que aquel hombre de lacio pelaje se había encontrado en una de esas ocasiones, con un kunai en su cuello y la mano temblorosa, pero el corazón palpitante por la estúpida idea de que, llenando aquella arma inerte de sangre, podría por fin reunirse con su amada y el fruto de sus amores tardíos. Pero en cada una de esas ocasiones el miedo a dejar por inconcluso algo, la más estúpida cosa, le detenía y hacía caer en cuenta lo cobarde que era. Últimamente, lo que le había detenido en el último año era los frutos que su arduo trabajo había de dar. Se decía así mismo que no podía permitir semejante perdida de buenos alimentos, no mientras miles de docenas de personas morían de hambre en todo el mundo. Era curioso como usaba el dolor ajeno, del cual no era conocedor en experiencia propia, para disfrazar el suyo propio.

Cuando no tenía ningún sembrado que atender, como era el caso aquel día de primavera, buscaba en los terrenos ajenos una distracción que le sirviera como excusa para su cobardía. Ropa fresca y ligera, paño en frente y herramientas listas. Así salía esos días que buscaba ganarse el derecho a la distracción, con suerte la persona que le daba la excusa perfecta terminaba además premiándolo con dinero que luego desperdiciaba en putas y sake. Sus esperanzas eran mínimas, pero así vagaba por la isla que ahora llamaba hogar y que en más de una ocasión de había impedido, o eso creía en su mente, de cometer la locura salvadora de quitarse la vida.
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#2  23 Feb 2017, 15:08
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Pueblo
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Una persona que no tenía motivos para seguir viviendo, solamente excusas por las cuales no morir, y acostumbrado ya a la desgracia, para algunos, de monotonía como lo que sería un trabajo desgraciadamente, para algunos, estable, pero es que era cierto pues aquellos que gozaban del invariable estaban negados por el éxito, aunque eso es solo una humilde opinión de alguien que odia la regularidad y necesita de variables para no quitarse la vida más bien. El vagante en busca de distracción y a la vez un poco de dinero, caminaría fuera de su casa y granja para dirigirse al pueblo, sería lo más lógico.

Solitario como un lugar de campo sabía ser llegas al pueblo antes de ver a la primera persona, un niño jugando a la pelota mientras se dirige a algún sitio desconocido para ti, seguir andando te adentraría más al pueblo de humilde fachada ubicando algunas casas y tiendas de comestibles, poco convencional para encontrar trabajo pero si para comprar víveres. Seguir te lleva a una zona más comercial, lo que serían unos bares y restaurantes, no había mucha gente tampoco pero tampoco estaba desierto, nadie conocido al menos.

Era un pueblo comúnmente visitado y el más cercano por lo que no había lugar que no conocieras, al menos no para mencionar en este instante, por lo que básicamente habían un sin fin de calles por las cuales transitar hasta llegar a algún punto de interés. Tal vez una catedral o un diminuto cuartel de seguridad o algún parque, pero dudo que alguno de esos fuese un lugar de interés para ti más que la taberna, bar o restaurante que ya se encuentra más cerca que cualquier otro lugar.
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Dead is just the beginning of a new life. I love you.
#3  24 Feb 2017, 06:53
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Era lo que era, un hombre sin destino final. Aunque, existía cierta cosa como el destino? Preguntas como esta eran las que retumbaban en su mente día tras día, yendo de esquina a esquina y fijándose nuevamente en el centro de atención, robándole el sueño, apetito y hasta deseo sexual. Toshihiro había sido un hombre simplista; entrenaba porque tenía que entrenar, comía porque le daba hambre, iba a misiones porque tenía que pagar el alquiler, se caso porque tenía que formar una familia, dormía porque se sentía cansado y así sucesivamente. Nunca, desde que tenía uso de razón, se había molestado en encontrarle razón al mundo. Pero todo tiene un fin, o eso es lo que dicen los más filósofos. El fin de semejante ignorancia le llegó el día que su mujer había dejado este mundo, aunque siendo sincero consigo mismo, el fin de su ignorancia había llegado el día que había comenzado a amarla como jamás había amado a nadie en este mundo.

Sus pensamientos filosóficos sobre la vida y lo que significaba le habían apartado del mundo real. Su mente había sido capturada en una jaula de pensamientos sin sentido, pues nunca encontraría una respuesta que le hiciera feliz. Sin embargo, estos pensamientos le sirvieron para distraerse del camino que había escogido y sin darse cuenta había llegado a la entrada de un pequeño pueblo. El nombre de aquel sitio no le importaba, o por lo menos no era lo suficientemente relevante como para acordarse de él. Esto último era sumamente extraño, en realidad el mulato tenía un existo especial cuando de recordar se trataba. La memoria era algo que había heredado de su abuelo, Kotomichi Senju, un señor de pocas palabras pero que cuando habría la boca era para decir lo que era justo, la respuesta ideal que llevaría el final de una contienda innecesaria.

Pasos continuos le llevaron a pasar de largo a aquel infante que jugaba con una pelota, pero sin ignorarlo. La imagen del niño le recodó a su difunta hija, y dicho recuerdo le acompañaría hasta el final del día. Pasar su día en el pueblo haciendo nada no era lo que se había planeado, pero se encontró caminando entre sus calles en menos tiempo de lo previsto. No sabía exactamente como aquel conglomerado de pequeños edificios había comenzado, pero tenía la certeza de que encontraría su cometido muy pronto. El bar, siempre el maldito bar. No tenía claro por qué o cómo, pero sus pasos sin rumbo terminaron llevándolo hasta la puerta de un bar. Su memoria le falló por un instante, no sabía si había visitado aquel sitio con anterioridad y de haberlo hecho, seguro que estaba más borracho que de costumbre. Había salido a buscar trabajo, pero allí se encontraba, en frente de un bar debatiendo si estaba en su lista de lugares visitados o no.
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#4  03 Mar 2017, 11:57
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Cuando el hombre fuera a abrir la puerta, sentiría un empujón del lado contrario y unas cuantas palabras mal sonantes provenientes de una voz más o menos grave. Por el tono y las palabras, no serían nada agradables, y por el timbre de voz se trataría de un hombre borracho. Nuestro protagonista sentiría el empujón de la puerta y, a no ser que fuera rápido y se moviera hacia un lado, al abrirse la puerta caerían sobre él dos hombres grandes de unos noventa y cinco kilos cada uno.

Toshihiro podría ver como los dos hombres estarían borrachos ambos, aunque no hasta tal punto de no saber donde se encontraban ni lo que estaban haciendo. Se levantaron los dos y volvieron y agarrarse y soltar cuatro o cinco palabras mal sonantes. - Deja de robarme o acabaré por matarte -. Mencionaría uno de ellos, el cuál no tendría pelo en su cabeza. - ¿¡Qué vas a qué? Deja de acusarme de algo que no he hecho -. Gritaría el otro, que tendría un portentoso bigote rubio del mismo color que su cabello. Los dos estarían enzarzados en una pelea en la que, por ahora, solo se habían agarrado de los hombros y estarían intentando tirarse al suelo el uno al otro.

Entre tanto del bar saldría una mujer con un vestido gris deshilachado y un mandilón atado al cuello. - ¡Por favor parad! ¡Así no se arreglan las cosas! -. Chillaría la mujer llevándose las manos a sus mejillas, por su tono de voz se podría distinguir que ella estaría totalmente serena y sin una gota de alcohol en su cuerpo.
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#5  07 Mar 2017, 07:02
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Los gatos eran animales que le llamaban la atención de forma inexplicable para consigo mismo a Toshihiro. Eran criaturas de la buena vida, comían, dormían, jugaban, tenían sexo cuando encontraban una hembra en celo y encima, tenía tan buenos reflejos que era casi imposible que la mala suerte terminará por dañarles la vida. Los admiraba hasta más no poder e incluso había estipulado que de haber sido un animal, le hubiese encantado ser un gato regordete de buena casta para que un estúpido humano le rellenara la panza. Aunque, algo de gato tenía. Cuando su diestra tomo el pomo de la puerta y se disponía, a con un solo movimiento, abrirla, sintió del otro lado una fuerza parecida a la que intentaba utilizar. Sus sentidos se activaron, como buen shinobi que algún día fue, esquivo a los sinvergüenzas que no daba sino para echárselos a los perros. Sus dos pasos a la izquierda bastaron para que los hombres mordieran el piso. Sin embargo, estos se repusieron más rápido que inmediatamente. El estado de embriaguez se notaba en el olor a alcohol, las caras maltratadas, los ojos perdidos y el vocabulario de mala vida. Ya de pie se ensalzaron en algo que al mulato no le podía importar menos. No era su problema para resolver, además de que involucrarse probablemente significaría tener que lidiar con dos hombres fuera de sus sentidos.

Su postura de desinteresado no cambió, ni un segundo. Aun así, decidió alejarse con dos pasos hacía atrás para no verse involucrado involuntariamente. Sus ojo en la pelea de puercos que estaba a punto de empezar se vieron distraídos por un segundo al notar a la mujer que venía detrás de los parlanchines. No pudo distinguir belleza alguna en el primer análisis, pero la intromisión de aquella dama podría llamarle la atención. Bella o no, servía para lo que todas servían; un amor de pocas horas.
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#6  07 Mar 2017, 22:02
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- ¡Que alguien los pare por favor! -. Diría la mujer que habría salido del bar. Los dos sujetos estarían todavía en sus trece, cada cuál soltando las barbaridades indecentes que cualquier niño no debería de escuchar. La mujer seguiría con sus manos puestas en su cabeza a modo de susto, no sabría como llevar la situación y si ella se metía allí, podría salir muy perjudicada.

De un momento a otro, de encima del techo del bar, una sombra negra saltó hacia dentro de éste por una ventana que estaría en este a modo de ventilación; la ventana no estaría abierta, por lo que haría un estruendo bastante notable. Nada más escuchar ese sonido, los dos hombres dejaron de agarrarse y se soltaron, quedándose mirando hacia el techo los dos. La mujer, a diferencia, entró para el bar asustada. Unos gritos de escucharon dentro a modo de enzarzamiento, parecía que dentro del recinto se estaría produciendo un enfrentamiento o, al menos, algo relacionado, eso seguro, con la sombra que habría entrado al bar.

Los dos hombres de fuera se miraron. - ¿Si tú no me has robado, me explicas quién ha estado robándome toda la semana!? -. Preguntó el hombre de la derecha. Y sin dejar que el restante contestara, prosiguió su discurso. - Lo peor no es el dinero que tenía ahorrado, lo peor son las gallinas que me han quitado y los conejos, y ¡hasta dos vacas! De eso comían mis siete hijos y, ¡ahora no se que hacer! -. Aclamó al cielo sin previo aviso. Parecía que se había tranquilizado el ambiente de pelea que tendrían estos dos.

Todavía estaba sin resolver lo que estaría pasando dentro del recinto del que habrían salido los dos hombres y la mujer que todavía estaría dentro.
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#7  09 Mar 2017, 07:21
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El bullicio se volvió intenso. La mujer pedía ayuda y Tashihiro comenzaba a meditar si debía interferir o no. Aquellos hombres parecían borrachos normales, no daban la impresión de tener habilidades ocultas o cimientos militares, separarlos no sería problema para alguien corpulento como el mulato. Además, separar la pelea le anotaría unos cuantos puntos en la mujer que posiblemente terminaría siendo su gran conquista de aquel día, era un plan infalible. No tendría que usar mucha fuerza, a final de cuentas aquellos pobre diablos apenas podía estar de pie. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de entrar en acción escuchó cristales rompiéndose encima suyo. Algo o alguien había roto la ventana que estaba en la parte superior del edificio, esto le llamó la atención por un segundo, se movió a un costado para evitar que fragmentos del cristal roto terminará por arruinarle el día. Cuando sus ojos se enfocaron nuevamente en los sin vergüenza, la pelea se había desbaratado. Al igual que él, ellos prestaron atención al sonido y la distracción le basto para pensar en otra cosa, o por lo menos eso supuso Tashihiro.

Los borrachos balbucearon unas cuantas palabras más que no levantaron interés alguno en el mulato, posterior a eso Tashihiro dio por concluida su futura intervención en el tema. Sin ambiente de pelea, sin mujer para impresionar y sin dinero para ganar, concluyó con que no era asunto suyo. Le pasó por el costado sin decir ni una palabra y decidió adentrarse en el bar. La curiosidad le había ganado. Quería saber que era tan importante que la mujer había dado por abandonada la pelea fuera del bar. Más aun, quería saber si lo que sucedía adentro le llevaría a acostarse con la señora que hace apenas unos minutos era su único pensar. Avanzó dos pasos pasado el umbral de la puerta y analizó con la visa, oído y olfato todo el lugar en busca de las pistas que le llevasen a la claridad del asunto.
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#8  09 Mar 2017, 22:59
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Cuando el joven entrara en el bar se encontraría un establecimiento normal y corriente, algo mugroso, pero normal al fin y al cabo. Constaría de una barra de un lado a otro de unos cuatro metros de largo, en la barra de madera ennegrecida por el paso de los años habrían dos cristaleras en las que se mostrarían bocadillos más o menos grandes, de muchas variedades, eso sí, y alguna que otra pieza de bollería. El recinto tendría tres taburetes esparcidos a lo largo de la barra también algo tocados del devenir de los años.

En la sala del bar habrían tres mesas con sus respectivas cuatro sillas, dos a tu derecha y una a tu izquierda, para variar, también de madera. En el ambiente se respiraba suciedad y humedad, las paredes apenas tenían un color rojo oscuro casi color marrón. Éstas tendrían unas cuantas manchas seguramente debido a las lluvias.

En todo este recinto, la escena protagonista que reinaría en todo el lugar, sería la mujer siendo apuntada por un kunai. El hombre de negro, del que apenas serían visibles sus gruesos labios y sus dorados ojos, tendría enrollado el cuello de la mujer con su brazo zurdo mientras que con el diestro tendría el arma arrojadiza apuntando con el filo hacia el cuello de la dama. Todo esto estaría pasando a escasos siete metros de nuestro protagonista. ¿Que decidiría hacer en esta situación? - No te muevas o la abro en canal -. Pronunció con voz grave el hombre de negro. La situación era tensa.
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#9  14 Mar 2017, 04:43
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El mundo donde los shinobis existían seguía igual de complicado que siempre. Aunque, analizando serenamente la situación los ninjas no eran el problema de este mundo. La verdad era, que ellos habían aumentado la magnitud de los problemas y las muertes, pero con o sin chakra, el destino de los humanos desde el inicio de la civilización tal cual la conocemos era dar muerte al prójimo. Robo de propiedad, honor, una disputa por la cuca de una mujer que solo quería diversión, no importaba la razón que fuera, los humanos siempre encontraban una razón para matarse unos a los otros. En esencia, la raza humana era y sería por la eternidad el cáncer más perpetuo, constante y determinante que hubiese podido azotar las raíces de este planeta.

Lo que los ojos de Toshihiro presenciaban en aquel bar era un síntoma más de este cáncer. Como buen veterano que no deseaba ir a la guerra nunca más, analizó la situación que allí se presentaba. Una rehén, un idiota y unos cuantos borrachos; escena típica en una película de acción. Lo que el mulato no comprendía era la intención del idiota en involucrarlo en un asunto que no era de su interés. Un rostro neutro, sin muestra de emoción alguna, con tanta serenidad como sus ojos color azabache podían reflejar, aquel hombre comenzó a caminar con intención de sentarse en una de las mesas que estaban a escasos tres metros del encapuchado — ¿Yo? ¿Qué tengo que ver yo con todas sus vainas? — exclamó con un tono de voz bajo, pero que transpiraba tranquilidad — Yo solo soy un pobre diablo con deseos de embriagarse. — se sentó en una de las sillas correspondientes a la mesa que había elegido desde que su cerebro proceso la situación. La ignorancia de que una vida estaba en riesgo era más que obvia, el Senju no demostró ni el más mínimo interés en involucrase. Aunque, sus sentidos estaban alerta, no sabía como reaccionaría su nuevo "amigo". Realizó un gesto con su diestra para pedir un mesero, en caso de que hubiera uno, y luego escondió ambas manos bajo la mesa. Ninguno de los presentes podían explicar a ciencia cierta que hacía con sus manos, aunque la impresión que esperaba causar era sencilla; alguien que no deseaba meterse en asuntos ajenos.

Fuera del rol
He realidazado una acción oculta a los ojos de todos los presentes. No se el procedimiento para dar notificación de esto, así que lo he dejado aquí.
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#10  19 Mar 2017, 17:35
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El joven sabía llegar la situación después de todo. Sabía que si se enfrentaba de primeras al ladrón podría salir mal herida la hembra con la que pretendía consumar aquel día. La chica estaba algo asustada, intentaba zafarse pero sin conseguir nada. El ladrón, en cambio, mantenía su mirada en los movimientos del joven sin tener muy en cuenta los intentos de la joven por sacarse las manos de él de su cuerpo. Se lo notaba con fuerza y sobretodo con agilidad, aunque fuera un ladrón de poca monta.

Cuando nuestro protagonista hizo sus movimientos, el ladrón apretó el cuello de la joven con más fuerza e hizo que el acero del arma arrojadiza tocara sutilmente la piel de la mujer, notaría el frio de la composición de dicha arma. Un escalofrío sintió la mujer, nada que el protagonista de la aventura no pudiera notar.

Después de sus palabras y de sentarse, el ladrón soltó a la mujer de un empujón hacia uno de los lados. - ¡Prepárale algo para beber! Creo que podríamos hacer negocios -. Y sin dejar de apuntar a la mujer con el arma y mirando de reojo al cliente, intentaría controlar la situación. La mujer se quedó pensativa y decidió hacer caso al ladrón en cuestión, se agachó para coger una de las botellas, saliendo de la perspectiva de nuestro protagonista. Cuando se levantó, tendría una botella de sake en la mano diestra y una copa pequeña en la zurda. Saldría lentamente de la barra por el lado contrario al que se encontraba el ladrón y caminó después hasta estar a la altura de la mesa ocupada. Posó la copa y la lleno hasta que ella creyó conveniente. Volvió la mirada al ladrón y, aunque parecía querer salir corriendo, tenía que confiar en el cliente. Volvió asustada a la barra, dejó la botella en el lugar de donde la había sacado y se quedó quiera, sin mover un solo músculo.

Con la copa en la mesa, el ladrón seguía teniendo a nuestro protagonista en el punto de mira, sin dejar de apuntar a la joven con el kunai. – Y bien, forastero, ¿Qué le trae por aquí? -. Preguntaría relajadamente el ladrón, palabras que irían dirigidas al que estaría sentado en la
mesa.
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